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junio 04, 2012

Sorpresa de una noche


Comencé a sentir sus manos gélidas subiendo por mi cuerpo; acariciado desde el borde de mi entrepierna, pasando por mi abdomen y agarrando luego mis senos con fuerza…

            Abro los ojos y miro a mi alrededor… no hay nada, solo las cuatro oscuras paredes que adornan mi habitación y el resto de los complementos materiales que estorban y la hacen ver mucho más pequeña.

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            Acostada en mi cama, vuelvo a cerrar los ojos y me sumerjo de nuevo en las profundidades de mi mente.

            Sus labios, dulces, suaves… fríos, se acoplan a mi cuello cual pieza faltante de un rompecabezas; besándolo, un escalofrío recorre mi nuca, aunque aun así, con mis ojos cerrados, intento tocarle. Al percatarse, guía sus labios hasta los míos y tras besarle, siento ese peculiar aliento de sangre y saliva, el cual curiosamente más que asustarme, lograba excitarme por completo.

            Sus manos siguen tocándome, bajando de mis senos hasta llegar a mi vagina; frota sus dedos en mi clítoris y siento como mete uno de sus dedos en la misma. Me quita el short, dejándome al descubierto. Luego, sus labios de los míos, descienden hasta mi abdomen y mientras su dedo se deslizaba con ahínco, siento como introduce otro dentro de mi sexo. Gimo.  Su lengua, en mi abdomen, baja hasta mi clítoris el cual luego de chuparlo, logra que sus dedos abran paso a la misma y ahí está… lamiéndome la vagina como nunca nadie lo había hecho antes ¿Por qué? Eran demasiado precisos sus movimientos, sutiles, pero con fuerza. Sabía exactamente como darme placer, así que dejando un lado el miedo que en parte sentía; logro abrir los ojos y para mi sorpresa (¿?) ahí se encontraba ella, con sus magníficos ojos azules y su hermoso y largo cabello platinado. Parecía lo que era: Un hermoso espectro.

            Mientras me hacia sexo oral; sus ojos penetrantes estaban clavados en los míos, y sus manos en mi senos, y mis gemidos de placer completaban lo que sería el clímax de mi excitación. Introduce de nuevo sus dedos, y mientras con rapidez me masturba, sus labios y lengua se clavan en mi clítoris, chupándolo y mojándolo divinamente. Estaba a punto, a casi nada del orgasmo hasta que por fin, tras un completo retorcimiento de mi cuerpo y un gemido, logro llegar, pero… con ganas de más.

            Saca sus dedos, me besa el vientre y sube a besarme con ahora su aliento lleno de mi olor. La beso como nunca. La empujo suavemente a que se recueste en la pared. Me subo hasta sentarme sobre su vagina y así mientras la besaba, frotaba mi clítoris con el suyo. Volteaba a su cuello y la mordía, mientras mi mano se deslizaba por mi culo y lograba así, introducir mis dedos en su sexo; caliente, divino. Seguía menándome y besándola, hasta que me separo de ella y al ponerme en cuatro, me inclino para chuparle su precioso clítoris.

            Paseo mi lengua por sus labios vaginales, la muerdo, se la meto. Rodeo su entrepierna, hasta que vuelvo a meterle mis dedos; ella, gimiendo inconcebiblemente, logra que me den más ganas de seguir… y de excitarme.

            Subo de nuevo para besarla y estirando mi mano, abro el cajón de mi mesita de noche para sacar un dildo. Así pues bien, regreso a lo que estaba;  cuando me inclino para seguir dándole placer, siento como su mano me quita el dildo y tras ponerse boca arriba acostada en la cama, me indica que ponga mi vagina en su cara, y así mientras me hacia oral e introducía el juguetito en mi vagina, yo me inclinaba y le metía los dedos para seguirle chupando la suya. Que satisfacción, que delicia.

            Nuestros cuerpos se menean mientras nuestras manos, lenguas y labios siguen haciendo de las suyas; ella casi pronta y yo no tanto.

            Agarro, me vuelvo a colocar frente a su sexo y ahí, casi pronta ella, meto de nuevo mis dedos y con rapidez y largas chupadas, siento como su vagina se contrae y como gemía de placer. Música para mis oídos. Aunque ella, al ver que yo en ésta no había llegado, se levanta, me besa y me inclina para ponerme en cuatro. Se acuesta debajo de mí, y tras empujar mi vagina a su boca, agarro el vibrador y mientras me masturbo con él, ella comienza a lamerme el clítoris. Aceleré el paso, casi pronta, sentía su lengua fría en mi vagina y cada vez que la veía lamerme, lograba excitarme mucho más rápido. Gemidos, sudor, placer ¿Dos veces en una noche? Esa chica es perfecta.

            Me acuesto, volteo, la veo. Ella se acerca, me besa, sonríe y yo, luego de cerrar por un instante los ojos; al abrirlos, ella se había ido. ¿Será que me quedé dormida? ¿Todo fue un sueño? Mi cuerpo desnudo y los fluidos que lograban visualizarse a través de la tela vinotinto de mi cama, eran suficientes para entender que todo lo que había pasado, fue total y completamente cierto.

diciembre 29, 2011

Miércoles 28 (Parte I)

Miércoles 28, 16:32. Recibo una llamada de O.:

-        Cariño, pasaré por ti en un rato, quisiera llevarte a un lugar que acaban de inaugurar. Necesito verte.
-              En una hora estoy lista - Respondí.

Entusiasmada, bajé con cuidado el vestido gris que endosaba, amarré mi cabello, me terminé de desvestir y entré a la ducha. En mi cabeza daban vueltas sus palabras “Necesito verte…” no es común que él necesite de mí, pero siempre se me es grata su compañía. Salí de la ducha, y en mi piel se hacían notorios los vellos erizados por el frío. Me sequé las piernas, mientras acariciando con suavidad mis glúteos y el resto de mi cuerpo, quité el agua restante.  

Quería que ese día fuera único, así bien, me coloqué una mini falda negra, una camisa de seda vinotinto (un poco escotada) y mis tacones negros favoritos.  Se hacía pronta la hora y mi cuerpo sentía que esa noche iba a ser mucho más que una salida normal.

-          Sal  –  Me escribe.

Abro la puerta de su carro, y ahí estaba él; elegante como siempre y más atractivo que de costumbre. Me da un beso en la boca. Me sorprendo. Él sonríe. 

Mientras hablábamos, volteaba de vez en cuando a verme. Bien notaba lo que su mente creaba con sus miradas. 

-          Te ves muy provocativa ésta noche, amor -  Me dice con picardía.
-          No desperdiciemos eso entonces  -  Le respondo.

Llegamos al lugar; un local que tenía poco de haber sido abierto, nunca había escuchado de él, pero los gustos de O, son exquisitos. Confiaba en su buen sentido del gusto.  La entrada tenía dos antorchas de cada lado, y al pasar, varias cortinas de satén rojo. Al entrar, un increíble ambiente de luces, también rojas, tenues. Velas aromáticas de varios colores y música blues  sonando de fondo. Habían puffs negros, dos por cubículos cubiertos de cortinas negras transparentes, detalle que los hacía ser un tanto privados. Éste era un lugar que de verdad se prestaba a sólo “pasarla bien”.

Obviamos la gente que nos rodeaba. Pasamos las cortinas de los cubículos y nos sentamos en los puffs. Cada uno pidió un coctel y así bien, en ese momento… comenzaba nuestra velada.

Hablábamos, reíamos. Nos mirábamos. O., siempre me había parecido un hombre muy atractivo, y no he de negar que más de una vez fantaseara con él; lo que se me hacía extraño, era porque sentía que él ahora fantaseaba conmigo. Se acercaba cada vez más, ya el alcohol estaba rodeándonos y nuestros sentidos auditivos al parecer se perdían con las piezas que sonaban en el lugar. Movía mi cabello, me hablaba al oído, pasaba su lengua por mi oreja y luego sus besos consumían mi cuello. Punto a su favor. El deseo de tenerlo, que había desaparecido, regresó a mí con esos labios por mi piel. 

Pasé mis manos por su pecho, las subí, agarré su rostro y lo besé. Su lengua ahora yacía dentro de mi boca, y mi lengua en la suya. Que beso. Que excitación. Bajé mis manos hasta su correa, pasándolas por sus piernas y rozando poco a poco a su miembro, que, ya lo sentía erecto...

julio 02, 2011

Tres copas de vino tinto


Martes, 20:42. Luego de salir a tomar un café y hablar un rato por el boulevard, nos encontramos ante su carro, se dirige a él, se voltea hacia a mí,  y me pregunta:

-          ¿Te gustaría tomarte una copa de vino conmigo esta noche?
-          Me parece perfecto – Le respondo.

Llegamos a su casa, un lugar bien confortable y acogedor. Él endosaba una ropa muy elegante y deportiva, yo una mini falda y tacones (para no perder el gusto). Me senté en el divino sofá de terciopelo rojo que se encontraba en la sala de estar; él, se perdía de mí vista mientras buscaba el vino tinto que me había prometido. No he de negar que al simple recorrido de mis pensamientos supiera el postre que me esperaba esa noche.

Sirvió las copas de vino, brindamos y seguimos ocultando el deseo tras sonrisas y palabras. Notaba como me observaba, recorría mis piernas hasta toparse con el liguero que bien se mostraba al ras de la falda, subía luego por mis caderas, por mi cintura, hasta perderse en la raya de mis senos que estaban entre el corte bajo de la camisa. Ya teníamos unas tres copas cada uno, yo lo devoraba con solo verlo, me mordía los labios y tragaba fuerte al desear lo que me imaginaba bajo la cremallera de su pantalón. Me fui acercando cada vez más, y él sin vacilar me inclinó hacia el sofá y empezó a besarme. Sentir esos labios tan carnosos y fríos tocar los míos, hacían que mi cuerpo se calentara más que a como estuvo con los tragos de vino. Sus manos comenzaron a agarrar mi cuerpo, apretaban mis muslos y mis caderas, él se inclinaba sobre mí, abría mis piernas y apretando su cuerpo hacia el mío, hacía que sintiera la erección de su miembro. Me excité más de lo que ya estaba. Sus labios seguían besando los míos, luego mi cuello y terminaban en el lóbulo de mi oreja. Mis manos tocaban su gran espalda, y poco a poco iban subiendo la camisa que endosaba, hasta por fin, lograr quitársela.

Le fui desabrochando la cremallera, hasta poder ver su miembro bajo la fina tela del bóxer que tenía. Él, casi arrancándome la camisa, dejaba mis pechos al aire, sostenidos solo por el pequeño brassier color negro, que, al instante, soltó también. Sus manos sujetaban mis senos, los apretaba, luego los lamía, rodeando la aureola y el pezón. Los mordía. Bajaba sus manos por mi cintura, quitándome la falda y el blúmer al mismo tiempo. Solo quedaron las medias, y el liguero. Seguía lamiendo mis pezones mientras poco a poco iba introduciendo uno de sus dedos dentro de mi sexo, húmedo y caliente. Lo miraba con tanto deseo. 

            Empujo un poco su cuerpo, lo veo y sonrío. Muerdo su miembro sobre el bóxer. Él tiembla. Agarro la liga del mismo, y paso siguiente, antes mis ojos, su miembro totalmente erecto, deseoso de sentir las paredes de mi sexo rodeándolo. Lo introduzco en mi boca, mientras miro la cara de placer de mi compañero. Sonríe. Paso mi lengua por toda su estructura, bajo a sus genitales, los rodeo también con mi lengua, de nuevo subo y muerdo la punta de su miembro. Paso mis manos por su abdomen, las bajo y sujeto sus piernas. Él me levanta, me besa. Me inclina en el sofá. Abre mis piernas, y ahí está… su lengua jugando con cada uno de mis secretos ocultos. Siento sus manos tocando mis senos, su lengua dentro de mi sexo, y yo retorciéndome del placer.

            Mi cuerpo se movía al ritmo en que sus dedos entraban y salían de mi sexo. Fue subiendo besando mi cuerpo, mis senos, y mi cuello. A lo que siento que me dice:

-          No sabes cuánto ansiaba este momento.
-          Lo bueno se hace esperar – Le respondo sonriendo.

Poco a poco va introduciendo su miembro dentro de mí. Duro, erecto. Me lleno de total placer. Siento como sale, y lo vuelve a introducir. Total delicia. Gemidos de mi boca, gemidos de la suya. Cada vez intensifica más el paso, con más furia, con más deseo…

Se aleja de mí, me agarra por el cabello y me dirige a su miembro. Mueve mi cabeza con rapidez, con ansias de completar el éxtasis. Me separa. Me voltea. De nuevo abre mis piernas, su lengua, una total delicia, juega con mí clítoris. Se aleja. De nuevo su miembro dentro de mí. Esta vez lo siento con más deseos, el lívido se apodera por completo de mi cuerpo, el cual ansía llegar al éxtasis total. Cada vez va más rápido, con más fuerza. Lo siento más duro, más delicioso. Ambos cuerpos se funden en un mundo fuera del presente, entre gotas de sudor y excitación infinita. Todo era más divino, más táctil y visual. Más colorido.

Me separo de él y retomo a hacerle oral, me indica que está pronto. Me recojo el cabello mientras él con sus manos apresura el paso, su cara es una total delicia, y la mía como de una niña esperando su regalo. Chorros de ese delicioso líquido salen de él, esparciéndose por todo mi pecho y rostro, vuelvo a introducir su miembro en mi boca para finalizar el sentir de mis papilas gustativas. Todo un manjar. 

Su cara de placer, fue lo mejor de la noche.

-          Me gustaría terminar de pasar la noche contigo – Me dice.
-          Para mí sería todo un placer.

Me levanto y sigo sus pasos. Se dirige al cuarto; y adentro, al baño. Me indica que lo siga.

-          Espero no te moleste bañarte junto a mí…
Lo demás… es otra historia.

junio 26, 2011

Encuentro Inesperado


Viernes, 15:05. Un día poco normal, caluroso y desesperante, decido salir a dar una vuelta y pues bien, si es de sudar, quizás visitar el gimnasio no estaría nada mal. Me tomo con la sorpresa de que no hay más que una sola persona; un hombre corpulento, alto, exquisito a simple vista,  aunque no hago más que seguir a lo que iba. Comienzo mi rutina, pero sin sacar mi vista del tipo masculino que tenía en frente, a lo cual noté que él tampoco dejaba de mirarme.

-          - ¿Vives por aquí, guapa? – Me pregunta.
-           -   Sí, a unas cuantas cuadras…

(El resto de la conversación es solo un accesorio más con todo lo que vino después.)

Me ayudó con mis rutinas: piernas, glúteos, abdomen… Sentía como tocaba mis piernas al momento en que me indicaba las posiciones; así pasó también con el resto de mi cuerpo. Sus manos, grandes y mórbidas, recorrían cada centímetro de mi piel, fue un estilo cortés la forma en la que me tocaba, pero a la vez, muy sensual. 

Me retiro a beber un poco de agua, al regresar a su encuentro tenía una sonrisa tentadora y su mirada de deseo me explicaba a través de las partículas de aire, todo lo que quería hacerme sentir… No he de negar, me pareció un tipo muy atractivo, ¿Perder esa oportunidad? Para nada.

Me le acerque con cierto sigilo y coqueteo, él estaba sentado en uno de los bancos del gimnasio y no hice más que ponerme encima suyo.

-         -  ¿Me deseas? – Le pregunté.

-          No es la primera vez que te veo, y créeme… todo lo que quiero hacerte, no tienen una explicación concreta. Sí, te deseo.

No dudé en besarlo, sentir sus labios devorando los míos, y su lengua jugando con la mía. La forma en la que me besaba, totalmente inexplicable, hacía que mis hormonas volaran a mil millas por hora, me retorcía de las ganas de poder sentirlo dentro de mí, de su cuerpo desnudo sobre el mío y de querer en mi cuerpo sus gotas de sudor.
Sus manos iban rodeando mi pequeña espalda, tocándola de la misma forma en la que un animal huele a su presa, fue bajándolas hasta agarrar con firmeza mi cintura, al tiempo en que me apretaba hacia su cuerpo, haciéndome sentir debajo de mí su miembro totalmente erecto. Siguió descendiendo, hasta llegar a mis glúteos, y no fue sorpresa el sentir como los agarraba con fuerza y deseo, mientras sus labios bajaban a mi cuello y me mordía tal cual vampiro.

Se levantó, (me levantó) y nos dirigimos al sauna, me indicó que me sentara mientras él encendía las brasas; paso siguiente, fue directo hacia a mí, me despojó de mis prendas con ahínco, así como yo hambrienta de deseo, le arranqué las suyas, dejando al aire lo más divino que puede haber:  su miembro erecto, jugoso y rosado. Me inclino hacia al frente, él estaba de pie, agarro su miembro y lo introduzco de lleno en mi boca, siento la dureza a través de mis labios, juego con él como si fuera una chupeta, rodeándolo de arriba abajo y mordiéndolo delicadamente, así como mis manos siguen el paso de mi boca, jugando con sus genitales y paseando alrededor de su cuerpo. Escucho su respiración acelerada, sus pequeños y ocultos gemidos… sé que no resiste más.

Sus manos están sobre mi cabeza, moviéndose al mismo tiempo en que yo lo hago, o ayudándome a ponerle un poco más de rapidez al asunto. Me hala el cabello, me separa, me alza y hace que me voltee. Sujetando con mis manos el banco de madera, siento como abre mis piernas y a sus manos tocando mi sexo; se agacha y su lengua empieza a jugar ahora con mis labios, con mis más íntimos y preciados agujeros, con mi clítoris... De pronto, un dedo suyo introduce, luego otro, y su lengua cada vez más rápida, al igual que su mano. Que delicia. Me siento totalmente húmeda, llena de un delicioso  placer, comienzo a gemir. Él sabía lo que de verdad quería, aparte de su lengua recorriendo mi sexo; se aleja, se levanta y siento como va introduciendo su miembro duro en mí, la humedad que dispensa mi cuerpo gracias a la excitación, más el vapor del sauna, hicieron que la entrada de su miembro en mi sexo haya sido divina y acoplada al mismo ¡AH! Que delicia.

-          - ¿Te gusta? – Me pregunta.
-          - No te imaginas cuánto.
-          - Pues esto solo es el comienzo.

De pronto siento su mano halando mi cabello, a la vez en que me va penetrando con más fuerza y rapidez, mi cuerpo se retuerce, su mano se dirige a mi cuello y me lo aprieta, sabiendo de alguna extraña manera que me gusta el trato fuerte. Cada vez se va moviendo con más rapidez, me penetra como nunca nadie, con deseos, ganas y fuerza. Me voltea, y me acuesta, paso siguiente, se coloca sobre mí y vuelve a introducirlo, sus manos de nuevo en mi cuello y su miembro duro dentro de mí pide plegaria. 

Queriendo yo hacerle descansar, le indico que se acueste, y volteada, me siento sobre él, de nuevo, lo introduzco dentro de mí y muevo mi cuerpo de arriba abajo, así como sus manos agarrando mi cintura, fuerza la rapidez y la presión, me inclino un poco hacia atrás y mientras toco mi clítoris, él termina el trabajo sucio, ambos gemimos, ambos disfrutamos, más rápido, más duro, más rico. Una gran orgasmo, y el lívido inexplicable; él… un gran orgasmo y el semen inexplicable. Siento sus líquidos fundiéndose con los míos, tanto sudor como demás. Un gran charco de lujuria y sexo. 

Se acerca a mi rostro y me da un beso, me sonríe. Nos cambiamos, y salimos del lugar como si nada.

-          - Espero verte pronto – Me dice.
-          - ¿El Lunes a la misma hora? – Le pregunto.
-          - Cuenta conmigo.

Ahora si existe un motivo confortable por el cual ir al gimnasio.

junio 15, 2011

Lluvia, un callejón y dos cuerpos desnudos

Miércoles 15, 17:55. Por lo general las salidas al cine con ella son bien dinámicas e interesantes. No somos de las que típicamente usan ésta excusa para tragarnos ambas salivas al momento de “ver” una película. Somos más inusuales. Prestamos atención a lo que vemos, mientras nuestras manos se sumergen en lo profundo, íntimo y bajo de nuestros atuendos. Casi siempre coincido en usar falda para facilitar las caricias que he de recibir antes de poder comerme el postre siguiente a las cotufas.

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La película no había comenzado cuando ya sentía su mano introducirse dentro de mi falda. Comenzó por acariciarme solo los muslos. Luego los apretaba. Hasta que sentí su mano ya sobre mi panty acariciando mi sexo, rodeándolo para que éste se mojara más. Siguiendo esto, atraviesa mi ropa íntima y comienza a jugar con mi clip. Cruda maldad a horas tan tempranas.

Me erizo un poco, le sujeto la mano y la alejo de mí. Ella ríe y yo también. Ambas estábamos juguetonas, pero yo ya estaba que quería comerla y no podía seguir sufriendo de esa manera. Ahora me tocaba a mí hacerla sufrir un poco. Cuando la vi concentrada en la película, distraje un poco mi atención de la misma y me incliné hacia ella para besarle el cuello, morderla, lamer su oreja…  Apenas vi se reía, me alejé y continuamos.

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La película no duró más de 2hrs. Una vez terminada, salimos del cine contando lo tal que nos había parecido. 

Caminamos vía su casa, las calles estaban repletas de gente, a pesar del frío y el quizás aroma a lluvia que poco esperaba ver caer sobre nosotras. Y así pues bien, luego de un rato, la lluvia nos bañó de pies a cabeza. Ella me haló hacia un rincón de una calle angosta y comenzó a besarme desenfrenadamente. Mis labios seguían los suyos con fervor y deseo. Mi lengua y la suya se unían, y el roce de nuestras papilas lograban excitarnos  mucho más. Me asía hacia la pared,  luego sujeta mi camisa y la saca por arriba de  mis brazos. Aprieta mis senos y yo comienzo a besar de nuevo su cuello. Le quito la camisa también. Me empuja. Me ve con lujuria. Y sigue besándome.

Sentía como sus manos bajaban mi falda y comenzaban por quitarme la blúmer, así como luego su dedo iba introduciendo dentro de mí y su lengua jugaba con mi clip. Me retorcía del tal inesperado placer que me iba a producir eso más las gotas de lluvia mojando mi rostro. Desabrocho mi sostén y ahora el sentirla sobre mis pezones hacía que me retorciera un poco y cada vez más.

Sus dedos entraban y salían de mi sexo rápido y ferozmente. Yo no contuve las ganas y la halé del cabello hacia mí, la besé e incliné al suelo. Me le fui sobre ella y mientras la besaba, volteaba mi cuerpo hacia su sexo y ahí estábamos. Ambas con nuestros secretos en rostros de cada quien. Sintiendo al mismo tiempo placer y demás. Sentía su sexo apretadito y caliente, y mi lengua en su clip hacían un buen trabajo de equipo.

Visto la situación que presentábamos al estar en un lugar público, quisimos aprovechar la lluvia a nuestro favor y en la misma posición proseguir con lo que estábamos. Ambas nos erguíamos. Ambas sentíamos placer. Ambas, queríamos más. 

Yo llegué primero que ella, pero seguía lamiéndola con fervor. Mientras ella a mí solo me acariciaba suavemente. Poco a poco y cada vez más rápido sentía como ya estaba pronta y así pues bien, luego de un gemido, sentí como ella también lograba alcanzar el clímax. Me giré para besarla y notar la sonrisa de placer que en su rostro mostraba. La besé, le levanté y la ayudé. Ya estaba dejando de llover, así que nos cambiamos rápido y salimos del callejón como si nada hubiera pasado.

Proseguimos nuestro camina hacia su casa, riéndonos de lo que había pasado. Subimos hasta el apartamento y ahí, nos quitamos la ropa, nos metimos a bañar. Jugueteamos un rato y nos acostamos a dormir.

-          - Espero se repita lo que pasó hace rato, pero que ésta vez sea mañanero.
-         -  Tranquila, te despertaré para darte el desayuno – le respondí.


junio 07, 2011

Luego de la ducha

Me has separado de mis atuendos, solo me cubre una pequeña ropa interior ansiosa de ser liberada de mi cuerpo; pero paciente para terminar de excitar el tuyo. Tú, aun esperas con la toalla ansioso de saber que iba a pasar acontinuación...

Empiezo por llegar hasta donde estás, y al ver que andas acostado, me siento encima de ti, sobre tu miembro, sobre tu cuerpo… a la vez en que mi cuerpo se inclinó para besarte, mis manos agarran las tuyas y las ubican en mi cintura, en mi espalda; así bien, te beso.

Tus manos me tocan, me desean, aunque sigues siendo paciente; el beso se intensifica, y tus manos llegan al broche de mi brasier, lo sueltan suavemente, éste cae, tus manos siguen paseando, tocan mis senos y mis pezones con euforia, van bajando y halan el pequeño  hilo negro que cargo para ti esa noche… te muerdo el labio; voy bajando, ahora muerdo tu cuello, subo de nuevo para divertirme con el lóbulo de tu oreja; te encanta, te excita. Mis manos pasean por tus piernas; yo, sigo el camino en descenso hasta tu miembro, tropiezo con la toalla, pero ésta solo me divierte, juego con ella un poco, hasta soltarla con los dientes; ahí está, tu pene firme y erecto, jugoso ante mis ojos, deseoso de sentir el roce de mi sexo. Llegan mis manos hasta éste, lo agarro, pero es mi lengua quien disfruta el sabor, el calor que emana de él, lo recorro desde arriba hasta abajo, al mismo tiempo en que mis manos van sobre él. Tu cara llena de placer, tus ojos al ver los míos, me demuestran que quieres que vaya más rápido, así que subo a besarte, pero mis manos siguen tocándote.

Bajo de nuevo a tu miembro, para introducirlo dentro de mi boca, ésta sube y baja, lo disfruta, pero te indica que es hora, te indica que debes otorgarme tu lugar.

Ahora soy yo quien está acostada en la cama, casi mis manos te empujan a que bajes hasta mi sexo y me quites el hilo, pero te adelantas, bajas, me muerdes los pezones, me encanta, tus manos halan las tiras de mi blúmer, a la vez que tu boca empuja la pieza hasta mis rodillas, dejando al descubierto mi sexo, húmedo por tus caricias; mientras lo recorres con tus manos, diriges tu mirada a mi rostro, quien a su vez está lleno de placer. Me tienes ahí, acostada, desnuda ante ti, tus dedos entran y salen de mi vagina, y tu boca, tu lengua, juegan con mi clítoris, me encanta como lo haces, me llenas de placer; no soporto más tantas caricias, y tú tampoco, tu miembro menos, está duro, erecto, y mi vagina cada vez más húmeda.

Prosigues sacando tus dedos de mi sexo, para introducirlos a su vez dentro de mi boca, los muerdo. Tu otra mano agarra tu miembro y por fin, lo introduces dentro de mi vagina. Hago una mueca de placer, lo notas, y sonríes, diriges tu mano hacia mis senos, te encanta penetrarme y a mi que me hagas tuya. Cada minuto que pasa es un orgasmo diferente, aceleras los movimientos, me besas, te muerdo. Nuestro nivel de excitación es elevado, y el placer que sentimos es el doble de éste. Hacemos paso largo, escuchas mis gemidos y yo tu pulso acelerado, poco falta para alcanzar el cielo, pero esta es nuestra noche, la delicia de nuestros sudores, de tu pene dentro de mí… vamos, solo un poco más… rasguño tu espalda, como informándote que llegué al clímax, haces una pausa y entiendo que también tú; me acerco a tus labios, y con un beso te digo.

- Buenas noches.  

junio 02, 2011

Lago y estrellas


La sensación de sentir el aire freso y puro en mi cara, era completamente placentero, sin dejar a un lado la increíble compañía que me ofrecía ese hermoso cielo estrellado y esa gloriosa luna llena.

Llegamos a la orilla del lago, donde nos esperaba un pequeño bote, nos subimos y proseguimos con el viaje. Estábamos en medio de esa densa agua, cuando él se acercó a mí  y con cuidado hincó sus colmillos en mi cuello. A partir de ese momento supe que ese sería el comienzo de una deliciosa velada.

Me besó en los labios y con sus manos me halo del cabello, dejando de nuevo mi cuello expuesto. Fue pasando sus labios desde mi rostro hasta ahora mi pecho, pasó sus manos por mi espalda y las dirigió a mis senos. Quitando los botones del vestido al tiempo en que yo me inclinaba para besarle. Se mordió la lengua, de la cual empezó a brotar pequeñas partículas de sangre, que  poco a poco y a través de ese apasionado beso fue pasándome con su boca.

Cada gota que pasaba por mi garganta, más los movimientos de sus manos, hacían que mi cuerpo entrara en una especie de trance o libido infinito. Sentía como si volase entre nubes de algún tóxico glorioso, el cual me hacía sentir cual súcubo al matar a sus víctimas.