julio 02, 2011

Tres copas de vino tinto


Martes, 20:42. Luego de salir a tomar un café y hablar un rato por el boulevard, nos encontramos ante su carro, se dirige a él, se voltea hacia a mí,  y me pregunta:

-          ¿Te gustaría tomarte una copa de vino conmigo esta noche?
-          Me parece perfecto – Le respondo.

Llegamos a su casa, un lugar bien confortable y acogedor. Él endosaba una ropa muy elegante y deportiva, yo una mini falda y tacones (para no perder el gusto). Me senté en el divino sofá de terciopelo rojo que se encontraba en la sala de estar; él, se perdía de mí vista mientras buscaba el vino tinto que me había prometido. No he de negar que al simple recorrido de mis pensamientos supiera el postre que me esperaba esa noche.

Sirvió las copas de vino, brindamos y seguimos ocultando el deseo tras sonrisas y palabras. Notaba como me observaba, recorría mis piernas hasta toparse con el liguero que bien se mostraba al ras de la falda, subía luego por mis caderas, por mi cintura, hasta perderse en la raya de mis senos que estaban entre el corte bajo de la camisa. Ya teníamos unas tres copas cada uno, yo lo devoraba con solo verlo, me mordía los labios y tragaba fuerte al desear lo que me imaginaba bajo la cremallera de su pantalón. Me fui acercando cada vez más, y él sin vacilar me inclinó hacia el sofá y empezó a besarme. Sentir esos labios tan carnosos y fríos tocar los míos, hacían que mi cuerpo se calentara más que a como estuvo con los tragos de vino. Sus manos comenzaron a agarrar mi cuerpo, apretaban mis muslos y mis caderas, él se inclinaba sobre mí, abría mis piernas y apretando su cuerpo hacia el mío, hacía que sintiera la erección de su miembro. Me excité más de lo que ya estaba. Sus labios seguían besando los míos, luego mi cuello y terminaban en el lóbulo de mi oreja. Mis manos tocaban su gran espalda, y poco a poco iban subiendo la camisa que endosaba, hasta por fin, lograr quitársela.

Le fui desabrochando la cremallera, hasta poder ver su miembro bajo la fina tela del bóxer que tenía. Él, casi arrancándome la camisa, dejaba mis pechos al aire, sostenidos solo por el pequeño brassier color negro, que, al instante, soltó también. Sus manos sujetaban mis senos, los apretaba, luego los lamía, rodeando la aureola y el pezón. Los mordía. Bajaba sus manos por mi cintura, quitándome la falda y el blúmer al mismo tiempo. Solo quedaron las medias, y el liguero. Seguía lamiendo mis pezones mientras poco a poco iba introduciendo uno de sus dedos dentro de mi sexo, húmedo y caliente. Lo miraba con tanto deseo. 

            Empujo un poco su cuerpo, lo veo y sonrío. Muerdo su miembro sobre el bóxer. Él tiembla. Agarro la liga del mismo, y paso siguiente, antes mis ojos, su miembro totalmente erecto, deseoso de sentir las paredes de mi sexo rodeándolo. Lo introduzco en mi boca, mientras miro la cara de placer de mi compañero. Sonríe. Paso mi lengua por toda su estructura, bajo a sus genitales, los rodeo también con mi lengua, de nuevo subo y muerdo la punta de su miembro. Paso mis manos por su abdomen, las bajo y sujeto sus piernas. Él me levanta, me besa. Me inclina en el sofá. Abre mis piernas, y ahí está… su lengua jugando con cada uno de mis secretos ocultos. Siento sus manos tocando mis senos, su lengua dentro de mi sexo, y yo retorciéndome del placer.

            Mi cuerpo se movía al ritmo en que sus dedos entraban y salían de mi sexo. Fue subiendo besando mi cuerpo, mis senos, y mi cuello. A lo que siento que me dice:

-          No sabes cuánto ansiaba este momento.
-          Lo bueno se hace esperar – Le respondo sonriendo.

Poco a poco va introduciendo su miembro dentro de mí. Duro, erecto. Me lleno de total placer. Siento como sale, y lo vuelve a introducir. Total delicia. Gemidos de mi boca, gemidos de la suya. Cada vez intensifica más el paso, con más furia, con más deseo…

Se aleja de mí, me agarra por el cabello y me dirige a su miembro. Mueve mi cabeza con rapidez, con ansias de completar el éxtasis. Me separa. Me voltea. De nuevo abre mis piernas, su lengua, una total delicia, juega con mí clítoris. Se aleja. De nuevo su miembro dentro de mí. Esta vez lo siento con más deseos, el lívido se apodera por completo de mi cuerpo, el cual ansía llegar al éxtasis total. Cada vez va más rápido, con más fuerza. Lo siento más duro, más delicioso. Ambos cuerpos se funden en un mundo fuera del presente, entre gotas de sudor y excitación infinita. Todo era más divino, más táctil y visual. Más colorido.

Me separo de él y retomo a hacerle oral, me indica que está pronto. Me recojo el cabello mientras él con sus manos apresura el paso, su cara es una total delicia, y la mía como de una niña esperando su regalo. Chorros de ese delicioso líquido salen de él, esparciéndose por todo mi pecho y rostro, vuelvo a introducir su miembro en mi boca para finalizar el sentir de mis papilas gustativas. Todo un manjar. 

Su cara de placer, fue lo mejor de la noche.

-          Me gustaría terminar de pasar la noche contigo – Me dice.
-          Para mí sería todo un placer.

Me levanto y sigo sus pasos. Se dirige al cuarto; y adentro, al baño. Me indica que lo siga.

-          Espero no te moleste bañarte junto a mí…
Lo demás… es otra historia.

1 comentario:

  1. buthal.... deberias pensar en escribir un libro....! lo mejor para ti... cuidate. :-)

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